El Periodismo me había tirado los trastos ya con seis o siete años. Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre respondía que periodista. Luego me entró la crisis de la Educación Primaria, y dudaba entre ella o la escritura. De hecho, en el cole, cuando me preguntaban quién era mi ídolo, en lugar de citar a algún cantante de la época, siempre mencionaba a Enyd Blyton, autora de la saga de Los Cinco.

Todo cambió cuando encontré a la persona que me supo dar lo que andaba buscando. Se llamaba Jesús y se apellidaba Jiménez. Y era mi tutor en el colegio donde yo estudiaba. Gracias a él disfrutamos de Radio Ortigosa, que fue la primera emisora educativa autorizada de toda España. Los alumnos del Colegio Público de Ortigosa de Cameros (La Rioja), entre los que me encontraba yo, sólo necesitábamos «tres micrófonos, un pequeño emisor, una mesa de mezclas y dos radio-casettes» para hacer PERIODISMO, con mayúsculas.

Éramos estudiantes de la E.S.O. y teníamos entre once y doce años. El artículo que os dejo a continuación, una delicia apto para el disfrute de propios y ajenos a la profesión, fue publicado un 21 de octubre de 2001 en el periódico El Correo (edición de La Rioja).

Pinchad sobre la imagen para leer el artículo completo/21 de octubre de 2001- El Correo

Solo unos días antes, la revista Duendes de Cameros, que elaborábamos con sumo cariño y cuidado, también recibió un premio, nada más y nada menos que nacional. Como cuenta la periodista en el artículo «Mil candidatos optaban al Concurso convocado por la Asociación de Prensa Juvenil, y el galardón recayó finalmente en la revista ‘Duendes’, que elaboran los alumnos de Ortigosa».

De la tarde en que la periodista Conchi Aquesolo, actual presentadora de las noticias de TVE en desconexión para La Rioja, se presentó en el colegio para bombardearnos a preguntas, recuerdo poco. O más bien poco de lo que conté y mucho de lo ilusionada que estaba. Esto fue lo que ella escribió sobre mí en el artículo:

“Sin embargo el ‘gusanillo’ del periodismo parece no calar demasiado entre estos estudiantes. A pesar de ello todos reconocen tomárselo muy en serio y ensayar varias veces el texto de su locución cronómetro en mano. Tan sólo María Malo afirma decidida querer dedicarse de mayor a esta profesión. «Me gusta mucho más escribir y lo que quiero de mayor es trabajar en un periódico pero de esta forma también estoy haciendo lo que me gusta», cuenta la pequeña mientras completa con su letra infantil el espacio que le corresponde en su sección”.

En junio de 2011 me licencié en Periodismo por la Universidad de Navarra. Hoy, quiero agradecer especialmente a Jesús, el maestro que se inventó todo este tinglado, que alimentara mi sueño de ser periodista. Y a todos aquellos que confiaron en mí y me dieron oportunidades a lo largo de mi carrera, mis primeras prácticas en el Diario La Rioja, la sección de Economía del Diario Vasco, Expansión o el departamento de Comunicación e Imagen de PwC, donde descubrí el Periodismo en 3D. Pero, sobre todo, a mis padres, que son los que aún hoy en día siguen sufriendo este amor desenfrenado que tengo por esta profesión: la mejor y más bonita del mundo. ¡Gracias!

No somos parientes. Ni conocidos. Ni compañeros de trabajo. Ni tampoco vecinos. El cántabro Miguel Ángel Revilla y yo somos amigos. Y somos amigos no porque yo lo diga, que también, sino porque lo dice él. Para muestra un botón. El pasado mes de julio Miguel Ángel me envió esta foto dedicada: “A mi amiga María. Un abrazo, MRevilla”. Pero, ¿cómo surgió esta amistad? Todo comenzó en Twitter…

Miguel Ángel Revilla, expresidente de Cantabria

 Un día, alguien a quien yo sigo en esta red social del microblogging, reutiteó una de sus campechanas frases. Y yo comencé a seguirle. ¿Por qué? Miguel Ángel es un político de los que no abundan, de los de antaño: cercanos al populacho, hablan claro y hacen lo imposible porque sus ideas puedan llegar a buen puerto. Como todo político que se tercie, tiene sus defensores y sus detractores. Pero para mí, siempre ha sido el Obama de Cantabria (conste que yo soy riojana y jamás he tenido ni tan siquiera la oportunidad de votarle). También ha sido un acérrimo tertuliano de televisión. Quizás, en más de una ocasión, esa faceta suya le haya hecho recabar más críticas que apoyos. (El dinero que obtuvo en estas lides lo donó a la Cocina Económica de Santander).

Sus rivales de cancha política siempre le han criticado que enviara a otros políticos, amigos e incluso al Rey anchoas del Cantábrico. De hecho, uno de los rifirrafes que con más cariño recuerdo se produjo en 2008 con Rita Barberá, alcaldesa de Valencia. Rita le acusó de enviar anchoas al entonces presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero. Revilla, ni corto ni perezoso, respondió que lo hizo “como todos los años”. Y que a su homólogo Francisco Camps y al líder del PP Mariano Rajoy también. Y que siempre le contestan diciendo que “están riquísimas”. Aquella semana, además, había obsequiado con unas latas también al Rey, aprovechando un acto institucional en el que coincidieron Madrid. Y con gracia y desparpajo terminó diciendo: “Y si no se las llevo, se enfada”.

 Así que yo también intenté conseguir las tan preciadas anchoas. La casualidad quiso que cuando comencé a seguirle en Twitter yo ocupara una cifra redonda en el número de seguidores que atesora secretario general del Partido Regionalista de Cantabria. 

 Para mi sorpresa, Miguel Ángel me contestó a los pocos minutos, por mensaje directo (privado). 

 Pero como él a mí no me seguía en Twitter no podía responderle a no ser que lo hiciera en público.  Así que le volví a escribir: 

Y nunca más se supo… Bueno, sí. Unos días más tarde. El 23 de julio él publicó un tuit al que yo respondí con otro a caballo entre el sarcasmo y el humor. Y he aquí nuestro cruce de mensajes: 

 

A los pocos días recibí la fotografía dedicada y este bote de deliciosas “anchoas del Cantábrico en aceite de oliva”. Así que, amigo Miguel Ángel, muchas gracias. Si algún día vas por La Rioja, serás bienvenido. Avísame para deleitarte con un buen plato de patatas a la riojana.

 

Estamos muertos. Aplastados. Aniquilados. El que tiene un poco de suerte, sobrevive a duras penas en este complejo e importante mundillo. La crisis económica y la que ya se había instalado en los medios de comunicación están acabando con el ejercicio del periodismo.

El señor etéreo

Aunque la objetividad en el periodismo es científicamente inalcanzable, solo una máquina que se dedique a trabajar con datos es objetiva, esta máxima también es  altamente recomendable y perseguible. A cambio, tenemos la capacidad de ser independientes: del poder político, de los anunciantes e, incluso, de nuestros lectores, oyentes y /o espectadores. Insisto en que no somos máquinas, pero nos estamos convirtiendo en marionetas. El último ejemplo es RTVE, donde se ha efectuado un trueque que produce escalofríos: la sustitución de grandes profesionales por marionetas y correveidiles.

Todo periodista debería ser consciente, cuando ejerce su profesión, de la responsabilidad y el compromiso tan importante que adquiere con sus lectores/oyentes/telespectadores. Cuando alguien te lee o te sigue es porque le importa lo que tú estás contando. Porque confía en que le estás informando con verdad, veracidad y verosimilitud. Porque espera que no trabajes al servicio de anunciantes ni de gobiernos, sino al suyo propio. Si el médico tiene que dejar a un lado sus creencias y no juzgar a su paciente, pero salvarle la vida -juramento hipocrático- el periodista tendría que hacer lo propio: estar solo al servicio de la ciudadanía. Y esto, es algo que espacapa a la lógica de cualquier político, que solo quiere utilizar los medios en su propio beneficio.

¿Cómo es posible que permitamos que los mismos que nos han metido en este sinsentido de crisis -me refiero a la situación que atraviesa España: paro, corrupción, incremento de los impuestos, jóvenes que emigran para labrarse un futuro – se atrevan, siquiera, a sugerirnos cómo hacer nuestro trabajo? Tenemos que comenzar a valorarnos y plantarnos ante el poder… Porque el equilibrio de la democracia se ha alcanzado gracias a la libertad de información. Y esa libertad está por encima de cualquier Gobierno. Así pues… ¡Muerte al correveidile y al marionetismo! Y… ¡Qué viva el PE-RIO-DIS-MO!

P.D.: Ante la ausencia de medios en los que se nos permita ejercer desde la libertad total y absoluta, siempre nos quedarán los blogs.

Siempre nos quedarán los blogs…

Ya está hecho. Somos los campeones de Europa. Y de la tontería también. Llegar a convertir en TT una burda burla sobre una comentarista de fútbol durante dos días es algo que solo hacemos nosotros, los españoles. La gracia, tiene su gracia, hasta que deja de ser graciosa. O, si apelamos al refranero popular… lo poco gusta y lo mucho cansa. Pero oiga, que Spain is different.

Revista eljueves

Y somos different porque ridiculizamos hasta el extremo las banalidades más absurdas que suceden durante la retransmisión de un partido de fútbol. Y también porque hubo quien lo puso fácil; Sara Carbonero erró en todos los partidos: contestó con respuestas vacías a preguntas huecas.  A veces incluso se le contagió esa morralla “periodística” al entrevistar a jugadores como Iniesta (le preguntó si no le hubiera gustado lanzar un penalti cuando en realidad lo había hecho) o con el capitán, Íker (con el que intercambió impresiones sobre sus vacaciones que, dicho sea de paso, carecían de interés periodístico alguno).

Las diferencias entre los dos miembros de la pareja (Sara e Íker) son enormes: él es el mejor portero del mundo y ella no es la mejor comunicadora de España. Aunque no se puede ser el mejor portero si tu defensa es un desastre o, lo que es lo mismo, no se puede ser un buen periodista si tus compañeros son nefastos, incapaces de hacer una pregunta que tenga un mínimo de interés informativo. Pero que se tranquilicen sus fans, no la voy a crucificar por ello. Y tampoco la voy a defender, que ya se han encargado otros.

El Atlético de Madrid se enfrentaba en Hamburgo contra el Fulham para disputar la final de la UEFA

La cuestión de fondo que se desprende de toda esta situación es que caminamos sin remedio hacia el cataclismo de la profesión periodística. Y lo digo sin reparo alguno: es una aberración denominar al “comentario deportivo” Periodismo, porque NO LO ES. Este tipo de comunicación se ha convertido en algo así como un Sálvame de la información deportiva: todo se reduce a espectacularidad, audiencia y euros. Lo que menos preocupa es comunicar para informar y entretener (por este orden). Si en los programas de crónica rosa nos ensordecen con palabros como: “Potorro, me importa una mierda, ansín de claro” o delitos gramaticales como “la comenté o dijistes”, en este tipo de retransmisiones se cometen tropelías solo comparables a las anteriores: “El gol sigue valiendo, se llenó de balón”, etc. Sara Carbonero sufrió un lapsus, pero nos hizo reir. También hay quien carece de cualquier estilo posible y protagoniza meteduras de pata de un calado mucho mayor, sin ninguna consecuencia grave (a día de hoy Manolo Lama sigue trabajando).

Aunque también los hay, los menos, que apuestan por continuar practicando el Periodismo. La revista Hola no murió cuando nació Qué Me Dices. Y el periodismo deportivo tampoco perecerá. Luchemos porque siga existiendo, trabajemos en esa dirección, dejemos de hacer espetáculo barato y defendamos todos los periodistas nuestra profesión, porque nadie lo hará por nosotros. Eso sí, Manolos Lamas, Manus Carreños y Pacos González, no nos estáis ayudando en absoluto. Sobráis. Por eso, en nombre de la ciudadanía tuitera os contesto #De nada.

“Esa gente que se derrumba sobre tus libros para poder ver mejor a Ana Obregón…”, tuiteaba Marta Rivera de la Cruz este mediodía. A lo que yo, ni corta ni perezosa, le he respondido: “¿En qué caseta estás? Y no lo digo por ver a la Obregón, palabrita de niño Jesús”.

Feria del Libro de Madrid/ M. Malo

Pensaba que la cosa quedaría ahí pero, entre los más de 6.000 seguidores que Marta atesora en twitter, se ha colado mi tuit. Y ha sido tan amable de responderme a los pocos minutos: “264. Ella ya se ha marchado ;-)”. My God, yo encantada de ir a su caseta. Le escribo de nuevo: “Esta tarde me paso. Vengo desde La Rioja, así que espero una dedicatoria currada y una foto de recuerdo ;-)”. Y de nuevo ella me envía un tuit de vuelta: “Pues por la tarde estaré en la 168. ¡Allí te espero!”.

Esta era la tarde idónea para conocer en carne y hueso a esos autores con cuyas novelas sufrimos, nos apasionados, llevamos en nuestros bolsos, en nuestros viajes y que nos hacen más llevaderas las noches de desvelo involuntario.

Dedicatoria de Marta Rivera de la Cruz/ M. Malo

Así que a eso de las siete de la tarde, con un ejemplar de La vida después, de Marta Rivera de la Cruz, me he dirigido a la caseta 168. Casualidades de la vida he sido la primera persona a la que se ha dirigido nada más llegar. Ha sido entonces cuando le he comentado que era la tuitera riojana con la que antes había intercambiado un par de mensajes: “Ah, sí, me acuerdo de ti, pues el miércoles me voy a estar en Logroño”.

Y acto seguido ha comenzado a escribir como si trajera la dedicatoria pensada desde casa: “Para María, con el recuerdo de este encuentro sin @ de por medio, y el mejor deseo para una feliz lectura. Un abrazo, Marta Rivera”. Grandiosa.

Luego me he dedicado a pasear y a observar con detenimiento las casetas. Era imposible caminar sin chocar con la gente…

Maxim Huerta / M. Malo

Y en una de estas mi brazo ha ido a parar con el de una rubia escondida/refugiada tras unas enormes gafas de sol. En su rostro destacaban unas marcas/cicatrices a lo Jordi González, y una nariz llamativa. Alguien, que caminaba cerca de mí, ha comentado: “Es Belén Rodríguez, la del Programa de Ana Rosa”. Irreconocible. Va a ser verdad que el maquillaje hace milagros.

La tal Belén caminaba acompañada de otra rubia-castaña y las tres íbamos en la misma dirección hasta que, de repente y sin poder remediarlo, mi mirada se ha desviado hacia otra caseta cercana en la que se escuchaba el griterío de unas jóvenes emocionadas. ¡Oh, sorpresa! El co-presentador del Programa de Ana Rosa también ha publicado un libro. Allí estaba Maxim Huerta firmando ejemplares y haciéndose fotos con sus fans. Curioso ha sido el momento en el que se le han acercado tres jóvenes sin libro pero armadas con cámaras de fotos. Él les ha preguntado algo que no he llegado a escuchar y ellas han afirmado con la cabeza. La cara de Maxim era todo un poema. Al final, se ha medio encaramado por encima del mostrador y una de ellas ha conseguido robarle un par de besos. Casi muere allí mismo de la emoción. Vamos, que la situación ha sido un poco: “Te veo en la tele pero ni de lejos me interesa tu libro. Soy tu fan y solo he venido para que mis amigas nos hagan una foto que pueda subir al Facebook”, imagino.

Juan José Millas /M. Malo

Minutos después me he topado con Juan José Millás, archiconocido, entre otras cuestiones, por ser un reputado columnista de El País. Un tipo serio que, incansable, no dejaba de dedicar ejemplares de su última publicación e intercambiar palabras con los lectores que se agolpaban a su alrededor.

Unas casetas más adelante se encontraba Nacho Montes, conocido por ser habitual en los programas “rosas” en televisión, experto en moda y protocolo, según google. También había mucha mujer y algún que otro joven esperando a que firmara. Su indumentaria hacía imposible que los transeúntes apartaran la vista de él, quien muy alegre y dicharachero ha comenzado a repartir sonrisas, besos y miradas.

 

Nacho Montes/ M. Malo

Si por la mañana el autor que atraía a las masas era Ana Obregón o, al menos, eso tuiteaba Marta Rivera de la Cruz, por la tarde lo era un tal Gerónimo. Un muñeco que, al parecer, causa furor entre los más pequeños, a juzgar por lo alterados e ilusionados que estaban ellos.

Niños que esperaban su turno en la fila con una ilusión semejante a la que muestran cuando aguardan en Navidad a que los Reyes Magos hagan su aparición en la cabalgata cada cinco de enero.

Sin embargo, no todo eran alegrías ni buenas caras. Minutos más tarde, y cambiando de tercio, me he topado con Curri Valenzuela.

No estaba firmando ejemplares. No es que no quisiera, es que no tenía a quién escribirle unas líneas. Nadie a su alrededor tenía intención de pedirle una dedicatoria. Los pocos que se acercaban a la caseta lo hacían por curiosidad, para verle de cerca. Su cara de pocos amigos denotaba aburrimiento e impaciencia.

En cambio, Pilar Urbano, parecía más relajada. Saludaba y hablaba a todo el mundo. Incluso a aquellos que no llevaban el libro y pasaban por allí.

Rocío Ramos-Paúl/ M. Malo

Pero hasta el momento, y con el permiso del muñeco Gerónimo, la persona que más enhorabuenas estaba recibiendo y que más expectación levantaba era una gran conocida para muchos padres cuyos hijos son un tanto revoltosos: la televisiva Rocío Ramós-Paúl, más conocida como Supernanny.

Rocío charlaba animadamente y regalaba sonrisas a esos padres que, encantados, agradecían las técnicas y artes que utiliza en el programa para domar a esos pequeños -de edad y tamaño- habitantes de millones de hogares españoles.

He continuado con el paseo hasta que mi mirada se ha topado con la de unos ojos azules un tanto inquietos: los de Isabel Sartorius, la ex del Príncipe. La joven ha escrito la biografía en la que habla de su relación con Felipe y de los problemas que, al parecer sufrió su madre. Muy morboso todo.

 

Isabel Sartorius/ M. Malo

El caso es que no había ni un alma con su libro bajo el brazo esperando conseguir una dedicatoria. Tal era la desesperación de la Sartorius que ha empezado a mirar al suelo, al techo, detrás de sí misma, al librero que tenía a su derecha, se ha arrascado la barbilla… Pero nada. No se acercaba ni el tato. Y eso que su indumentaria no le hacía pasar, precisamente, desapercibida.

Detrás de mí una señora comentaba: “A lo que estamos llegando, hasta la Sartorius se hace escritora”. Y juraría que la pobre Isabel no ha oído estas palabras, y si lo ha hecho ha disimulado fantásticamente bien, sin que se adivinara cualquier gesto de alteración en sus facciones. Y allí la he dejado, soportando comentarios y aburrimiento.

Ignacio Escolar/ M. Malo

Más éxito estaba teniendo, en cambio, el polifacético Ignacio Escolar, que ya había anunciado previamente en su web que esta tarde iba a estar firmando ejemplares de su novela 31 noches, en la caseta 136.

Está claro que ahora se ha puesto de moda ser periodista-bloguero-tuitero, contertulio en todas las cadenas de televisión posibles y, además, escritor. ¿De dónde saca el tiempo esta gente para hacer tantas cosas? Es un misterio. Así que pensando precisamente en el misterio me iba ya de la feria cuando he visto otra cara conocida.

Diego Arjona/ M. Malo

En esta ocasión el tipo me recordaba a algún cómico. Después he caído en la cuenta de que salía en el Club del Chiste, en Antena 3… Pero sin rizos y con el pelo corto Diego Arjona despista.

El tipo, simpatiquísimo, cuando me ha visto fotografiarle me ha dicho: “Espera, que salgo posando. Hazme otra y que se vea bien el libro, que yo ya estoy muy visto”. Dicho y hecho. He aquí la foto. Y ahora un poco de publicidad para él, que se la merece por simpático: los aficionados a la gran pantalla no se pueden perder Los brazos fuertes del cine de acción de los 80 y los 90. Me cuesta creer que esta sea mi última imagen en la Feria del Libro de Madrid, ya que siempre he destestado las películas de Sylvester Stalonne y el sangriento Rambo. Pero Arjona, por simpático, se lo merece.

Si antes de que comenzara la tormenta perfecta, en la que nos hallamos inmersos, la profesión del periodista era de sobra conocida por su precariedad, ahora lo es también por su descrédito y desprestigio, además de por el gran número de despidos que está acaparando (6.400 profesionales se han quedado sin empleo en los últimos cuatro años).

Ya hace un año que me licencié y recuerdo como si fuera ayer la forma en que un profesor se dirigió a unos ignorantes, por ilusionados, estudiantes de Periodismo en su primer día en la facultad: “No os vais a forrar pero tampoco os vais a arrepentir de estar aquí. Esta es la profesión más apasionante del mundo”. Cinco años más tarde, para mí, sus palabras no han perdido ni un ápice de la vigencia que en su día tuvieron: me reafirmo en que esta es la profesión más apasionante del mundo.

Sin embargo, el hijoputismo se ha instalado en la profesión y parece que viene para quedarse. Los medios, acostumbrados a obtener unos ingresos desorbitados, han reducido sueldos, plantillas e, incluso, han comenzado a desaparecer. Pero nadie dice ni hace nada. Entre tanto, hay quien se aprovecha de las circunstacias y del pánico del profesional, que se ve obligado a aceptar trabajos por sueldos pírricos y actuaciones que carecen de decencia periodística alguna. Y no hablo del mileurismo, de las 15h. diarias en la redacción o de los famosos artículos por 0,75 euros. Ahora, la broma, va más allá. Para muestra un botón.

¿Un contrato en prácticas, sin experiencia, sin estudios y con DISPONIBILIDAD PARA EL DESNUDO? Traducido al román paladino: para ejercer el Periodismo es necesario ser un NINI, atractivo/a y al que no le importe que le vean como Dios le trajo al mundo. ¡Viva la dignidad periodística!

¿Alguien se imagina que ofrecieran a un arquitecto 0,75 euros por un proyecto? ¿Que una persona que no tenga estudios ejerciera como cirujano? ¿O un químico al que (además de cumplir con los requisitos anteriores) le exigieran ser atractivo? No. ¿Por qué? Porque todos ellos tienen una responsabilidad: si el arquitecto no hace bien su trabajo la construcción se caerá, si el cirujano no ha estudiado Medicina morirán sus pacientes… Por no hablar del peligro que tendría un químico mezclando sustancias sin conocimiento alguno.

En cambio, a los periodistas no se nos mueren pacientes ni somos responsables del derrumbe de un edificio. Nuestro trabajo no tiene consecuencias que destruyan al ser humano. ¿O sí? Porque, ¿qué hay más importante que la libertad y la democracia, cuyo pilar básico es la información?

Querida Esperanza,

Espero que no te moleste el hecho de que te tutee. Estoy tan acostumbrada a verte día sí y día también en prensa que el colegueo me sale de forma natural. Sobre todo desde que te vi tirar de picachón en una visita a las obras del metro de Mirasierra.

Esperanza Aguirre tirando de picachón (Fuente: que.es)

Soy una joven de veintidós años que  está muy preocupada. Sin poder remediarlo el negativismo se ha apoderado de mí. Sobrevuela por mi mente la más terrible de las posibilidades que a cualquier joven sano, con ganas de trabajar y recién licenciado le puede perturbar: la posibilidad de comenzar a fichar muy pronto en la empresa más grande de España; el INEM. Pienso en ello todos los días, y varias veces. Últimamente se ha convertido en una obsesión. Pero, ¿cómo no va a serlo si el 50,5% de los jóvenes está buscando empleo y no lo encuentra?

En fin, no quiero entretenerme con cuestiones banales que aterrorizan a una gran parte de los españoles y que, por esta misma razón, comienzan a carecer de importancia para aquellos que disfrutan de retribuciones fijas todos los meses sin miedo a perderlas.

Me gustaría contarte por qué me he indignado hoy. Los ojos me han hecho chirivitas al constatar el incremento del precio del transporte madrileño. Entiendo que haya que arrimar el hombro y apretarse el cinturón. Entiendo que es de justicia que cada cual lo haga de acuerdo con sus posibilidades. Pero, explícame, Esperanza, ¿qué diferencia hay para la Comunidad de Madrid entre un pensionista y un joven (estudiante, parado, con un trabajo precario? ¿Por qué en la Comunidad de Madrid se empeñan en afirmar que con 22 años ya no soy joven y tengo que abonar 20,8 euros más al mes por un mismo servicio? ¿Por qué voy a pagar a partir de junio 8.535 ptas por viajar en metro en la zona A mientras que un jubilado viaja por las 8 zonas tan sólo por 1.930 ptas? ¿No es acaso esta diferencia desmesurada? La única opción que queda es la bicicleta. Pero tu colega Gallardón no diseñó un carril bici muy accesible que digamos. Así que sólo veo una salida: circular por la calzada a lo Picapiedra: no contaminamos, ahorramos costes y hacemos ejercicio. ¿Qué mas podemos pedir?

Imagen de Los Picapiedra (Pedro y Pablo en el troncomóvil)

Ahora en serio: no tengo ningún problema con los jubilados de la Comunidad de Madrid, Esperanza. Dios me libre de semejante tropelía. Al contrario. Es más, espero que ninguno de ellos se ofenda si lee estas líneas. Es solo que considero que las medidas que ha tomado la gente que trabaja para ti son sangrantes, hirientes, un abuso…  Y que los jóvenes no deberíamos pagar el pato de un problema que ha estallado ahora pero que se ha ido fraguando desde que nosotros éramos unos criajos que solo nos preocupábamos de jugar.

En fin, no quiero entretenerte más, Esperanza. Entiendo que para ti tomar estas decisiones es difícil porque una no quiere que le abucheen cuando se mezcla con el populacho para hacer la compra, por ejemplo, en Mercadona. O en el momento en el que todos sacáis pecho: cuando os toca inaugurar obras. Aunque con los recortes que se están llevando a cabo desde el Gobierno supongo que ese tipo de fotografías está en peligro de extinción… Jo, qué tristeza de mandato.

Lo dicho, muchas gracias por tu tiempo.

Un cordial saludo,

Una joven -según Metro ya no- muy preocupada.